<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Microficciones</title>
	<atom:link href="http://www.inicios.es/microficciones/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.inicios.es/microficciones</link>
	<description>de Manuel Alcántara</description>
	<lastBuildDate>Thu, 26 Apr 2012 19:40:42 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.2</generator>
		<item>
		<title>La caja (cap. 2-1)</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2012/04/26/la-caja-cap-2-1/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2012/04/26/la-caja-cap-2-1/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 26 Apr 2012 19:40:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[La caja]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.inicios.es/microficciones/?p=342</guid>
		<description><![CDATA[(viene de cap. 1) Las noches eran la medida del tiempo. Los días se mantenían todos iguales, un bucle plano del que ya nadie recordaba el inicio y al que nadie en sus cabales podría haberle imaginado un final. Los días eran la carretera, la sensación constante de sed, las miradas cansadas al cuentakilómetros y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(viene de <a href="http://www.inicios.es/microficciones/2012/04/23/la-caja-cap-1/">cap. 1</a>)</p>
<p>Las noches eran la medida del tiempo. Los días se mantenían todos iguales, un bucle plano del que ya nadie recordaba el inicio y al que nadie en sus cabales podría haberle imaginado un final. Los días eran la carretera, la sensación constante de sed, las miradas cansadas al cuentakilómetros y al depósito de gasolina. Casi siempre pasaba algo que nunca cambiaba nada. Se podían cruzar con otro vehículo; era muy raro que pararan por ello y tuvieran alguna interacción con los otros viajeros, pero eso también podía pasar; a veces veían algún grupo de &#8220;ajenos&#8221;, normalmente a través de los prismáticos; puntualmente se encontraban con alguno más cerca como había ocurrido en la estación de servicio; su eliminación era ruidosa y sangrienta, pero a eso también se habían acostumbrado.</p>
<p>Annie distrae el camino limpiándose con las uñas de una mano la sangre que se le ha quedado en las de la otra. No han comentado nada. Tampoco habrían podido decir más que obviedades. Habría sido posible discutir sobre la falta de ética del encargado, que no les había avisado. De alguna manera, sin embargo, era lo esperable. No se trataba desde luego de la primera emboscada de ese tipo que sufrían. Ellos mismos habían provocado una hacía unos años. ¿De qué iban a discutir entonces? Lo inevitable no se puede discutir. Simplemente había pasado y, si de algo estaban seguros, era de que les volvería a pasar si vivían lo suficiente. Era mejor no pensar mucho en esas cosas.</p>
<p>La percepción de Sean desde dentro de la tienda había sido errónea. El viento soplaba con la misma fuerza de siempre, la justa para arrastrar tontamente la arena y las ramas secas más pequeñas y hacerles dudar sobre si seguirían recorriendo el asfalto o se habrían desviado de él. Más de una vez se habían perdido y no se habían percatado de ello hasta cruzarse con otra carretera. Daba igual. Sólo reducía las posibilidades de encontrarse con algo de civilización donde suministrarse, pero seguro que la probabilidad no era demasiado diferente.</p>
<p>Hacía mucho tiempo que no conducían hacia ninguna dirección. Los primeros años, cuando aún estaban activos los sistemas de navegación, habían elaborado complejas estrategias de lo que entonces dio por llamarse la colonización. Hacían cálculos minuciosos para intentar encontrar núcleos urbanos intactos. Se organizaban con otros viajeros que, como ellos, se habían echado a la carretera convencidos de que tenían que quedar oasis de humanidad sobre la faz de la tierra. </p>
<p>Después se apagaron los sistemas y pasaron a planteamientos más rudimentarios. Se fiaban de los rumores que iban recabando de unos y otros; se organizaban de acuerdo a los puntos cardinales y a la posición del Sol, como en los tiempos más remotos. Cuando se encontraban con otros colonizadores, compartían trazados sobre los mapas y discutían sobre discrepancias por problemas con la orientación. Poco a poco la cooperación fue apagándose según se fue haciendo más obvio que perseguían un objetivo imaginario. El desánimo les llegó antes a ellos que al resto de la población, que todavía solían recibirlos con entusiasmo y un agradecimiento sincero. Así había conocido Annie a Sean, que era uno de esos agradecidos antes de animarse a acompañarla en su camino. </p>
<p>Después ya nadie les recibiría ni tan siquiera con amabilidad. En algunos sitios incluso eran directamente rechazados. Probablemente fuera provocado por ellos mismos, que empezaron a ser menos amigables con sus admiradores cuando se percataron de que estos se inventaban la mayoría de las pistas que les daban con la única intención de que continuaran sus viajes. No lo hacían malintencionadamente; necesitaban que siguieran en movimiento para que no murieran sus propios sueños; necesitaban que recibieran pistas, aunque fueran falsas, para mantener viva su esperanzadora misión. Más de una vez el descubrimiento del engaño derivó en auténtica violencia aunque seguro que no con tanta frecuencia como para justificar la fama que terminaron por tener los viajeros, acusados de decenas de muertes, algunas acaecidas en lugares en los que nadie recordaba haberles visto nunca.</p>
<p>De cualquier manera, muy pocos habían sido capaces de volver a integrarse en algún grupúsculo urbano. La mayoría continuaban una vida nómada que ya no servía ni para alimentar ingenuas ilusiones. Su manejo de las armas y sus conocimientos legendarios sobre los &#8220;ajenos&#8221; les garantizaba ser atendidos en los establecimientos y maltratados en cualquier otro contexto social. Ellos no solían pedir más.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2012/04/26/la-caja-cap-2-1/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La caja (cap. 1)</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2012/04/23/la-caja-cap-1/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2012/04/23/la-caja-cap-1/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 18:20:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[La caja]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.inicios.es/microficciones/?p=330</guid>
		<description><![CDATA[Pararon en la estación de servicio. No fue una elección. Llevaban muchas horas en marcha y no sabían cuándo volverían a encontrarse con otra. Eso nunca se sabía. Tenían los depósitos vacíos ellos y el auto. Como era de esperar, no había más clientes en la tienda. El encargado les saludó con ostensiva desgana. Tener [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pararon en la estación de servicio. No fue una elección. Llevaban muchas horas en marcha y no sabían cuándo volverían a encontrarse con otra. Eso nunca se sabía. Tenían los depósitos vacíos ellos y el auto.</p>
<p>Como era de esperar, no había más clientes en la tienda. El encargado les saludó con ostensiva desgana. Tener dos visitantes en aquella mañana inimaginable para las ventas no parecía hacerle la más mínima ilusión. Era comprensible. Ellos le devolvieron el gesto y se pusieron a urgar por las estanterías. No había mucho donde elegir, pero lo poco existente estaba tan desordenado como para mantener la ilusión de poder encontrar algún tesoro olvidado tras un tarro o una caja. Es a lo que se dedicaban los desesperados, a desorganizarlo todo con la idea de que el producto que anhelaban siguiera ahí cuando volvieran con algo que dar a cambio.</p>
<p>Dieron dos repasos a los pasillos sin éxito. Es difícil elegir qué es lo que menos te disgusta. Después hicieron un último intento juntos a sabiendas de que los comentarios de uno y otro acabarían animándoles a comprar algo. Cogieron algunas bolsas de pseudopatatas fritas, una garrafa de bebida naranja vitaminada y varias cajas de pan seco. El apetito haría después el resto. En realidad, lo más inteligente era aprovisionarse de más cosas ante la incertidumbre, pero siempre terminaban cogiendo lo justo quizás por lo desalentador de la oferta o quizás porque se habían contagiado ya de ese extraño ánimo general de supervivencia arrastrada.</p>
<p>Sólo quedaba pagar y volver al exterior. Las ventanas brillantes no les permitían olvidar que, por increíble que pareciera, fuera la temperatura era aún más alta, el ambiente aún más seco, la soledad más real. Annie quiso aprovechar para ir al baño, un refinamiento, si se le puede llamar así a los baños de carretera incluso en esas circunstancias, que apenas tenía ocasión de permitirse. Su preferencia no era por nostalgia ni obviamente por pudor; se trataba simplemente de poder hacerlo a la sombra.</p>
<p>El tendero puso un revólver sobre la mesa.</p>
<p>&#8220;Quién podría imaginar que llegaríamos a esto&#8221;, comentó Sean con voz socarrona, &#8220;que fuera el propio encargado el que nos pasara el arma&#8221;.</p>
<p>&#8220;No sé ustedes, pero yo no voy desarmado ni a mear.&#8221; Y quiso insistir: &#8220;Ni a mear&#8221;.</p>
<p>&#8220;Sí, nosotros tenemos el nuestro en el coche.&#8221;, concedió Sean aceptando también que no era momento para bromas.</p>
<p>Annie cogió el revolver y desapareció por la puerta de los aseos. Sean odiaba quedarse a solas con otra persona que no fuera ella. El problema no era él. Tenía gusto por la conversación con cualquiera o, mejor dicho, la había tenido antes de que todo cambiara y a la gente pareciera molestarle abrir la boca. Todo se sentía como una intromisión, como un exceso, una violación intolerable del aburrimiento. El comentario más inocente podía perderse en interpretaciones extrañas hasta terminar mal. Por qué se hacía el gasto de expresar algo era ahora más importante que aquello expresado. Sean prefería no decir nada y estar tranquilo en su silencio. Ya incluso prefería que no le dirigieran la palabra para no correr riesgos. Mejor pensado, sí podía haberse convertido en parte del problema como todos los demás.</p>
<p>Se acercó a la ventana para observar la nada. Horizonte amarillo, tierra amarilla, vegetación escasa y siempre seca, nubes amarillas y silbidos de viento que se oían lejanos gracias al cristal. El dibujo de la carretera se perdía antes de abandonar la estación de servicio devorada por el calor y la arena. Sean se concentró en el ruido repetitivo que sentía a su espalda. Era el bolígrafo del encargado golpeando insistentemente sobre la mesa sin ser capaz de encontrarle un ritmo. </p>
<p>&#8220;No tienes el aire funcionando, pero es increíble lo que se nota el frescor al entrar.&#8221;, no pudo evitar comentar Sean al fin. </p>
<p>&#8220;Funciona a veces. Es impredecible. Media hora o así cada semana&#8221;, obtuvo como contestación sin anular el tintineo.</p>
<p>El brillo del Sol poseía cierta capacidad hipnótica. Lo tenían ante sí la mayor parte del tiempo, pero no perdía por ello su atracción. Su luz entraba por los ojos, pero después te invadía por dentro junto a su olor característico e impregnante. El mismo que emanaba de la comida independientemente de los ingredientes de los que estuviera compuesta, del agua en el caso cada vez más improbable de encontrarla sin algún tipo de contaminación, de su piel y de la piel de Annie, aunque en ella todavía podía percibir sensaciones antiguas.</p>
<p>A Sean le pareció que el silbido del viento era más fuerte de lo habitual y se sorprendió a sí mismo alegrándose por ello. No había ningún motivo para hacerlo. Ningún motivo que no fuera agradecer cualquier cambio en aquel tedioso desierto.</p>
<p>Un ruido sordo vino de los aseos. Fue seguido inmediatamente por gritos y otro ruido más fuerte que pareció golpear una puerta o algo así. Las voces, animales y profundas, no dejaban lugar a dudas sobre lo que estaba ocurriendo. Después sonó un disparo y otro y otro y finalmente el soplido del tendero, como si dejara escapar una tensión acumulada durante meses o años o anterior a todos ellos.</p>
<p>Sean salió corriendo. En los lavabos se encontró a Annie limpiándose la sangre con agua.</p>
<p>&#8220;No sé de dónde ha salido. Tenía que estar ya aquí dentro&#8221;. Le miró un segundo con sus ojos negros inexpresivos y continuó limpiándose. </p>
<p>En el suelo yacía el cuerpo de una mujer de una edad similar a la de ellos. El encargado no se había movido de detrás de la caja. No les hacía falta para comprenderlo todo. Sean pensó que en otro tiempo le habrían pedido explicaciones y le renconfortó ser consciente al menos de que su comportamiento actual no había sido siempre el normal.</p>
<p>&#8220;Lo siento de veras. Yo no lo podía hacer&#8221;, se diculpó tímidamente el hombre cuando salieron del baño. Ellos ni tan siquiera lo miraron. Simplemente fueron al coche, se montaron en él y desaparecieron en el vacío.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2012/04/23/la-caja-cap-1/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Salivas</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2012/03/17/salivas/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2012/03/17/salivas/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 17 Mar 2012 18:03:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[No sabemos vivir]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.inicios.es/microficciones/?p=325</guid>
		<description><![CDATA[Los besos en Astalama lo dicen todo, allí donde la gente habla sin cesar en los bares y en los nunca breves encuentros de las aceras y en los saloncitos que huelen a la entremezcla de la comida pasada y la porvenir y en los puestos de trabajo con independencia de la concentración que requiera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los besos en Astalama lo dicen todo, allí donde la gente habla sin cesar en los bares y en los nunca breves encuentros de las aceras y en los saloncitos que huelen a la entremezcla de la comida pasada y la porvenir y en los puestos de trabajo con independencia de la concentración que requiera cada labor y en las salas de espera de los hospitales se anticipe una bienvenida o una despedida y en las butacas del cine o del teatro o de la misa con la comprensión cómplice de los demás parlantes y en las reuniones de empresas pequeñas o grandes a veces hasta confundir la voz del mandamás con la de cualquier mandamenos y en los trenes o los autocares se comprenda o no el destino compartido o no de los otros y en absolutamente todos los sueños sean buenos o atemorizantes y en los pleitos y en los abrazos y en esos momentos en que uno prefiere callar o se conforma con escuchar a los demás y en los ratos en que la intimidad lo es todo y en las horas de la pereza y durante las comidas del día y, claro, siempre que la enfermedad trastoca las rutinas y la salud caprichosa las mantiene intactas sin pensar si en realidad tienen sentido.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2012/03/17/salivas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>No hace falta que me lo digas</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2012/03/02/no-hace-falta-que-me-lo-digas/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2012/03/02/no-hace-falta-que-me-lo-digas/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 02 Mar 2012 09:21:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[No sabemos vivir]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.inicios.es/microficciones/?p=317</guid>
		<description><![CDATA[No hace falta que me lo digas. Lo sé. Las mirabas como si me vieras a mí, les dijiste mis promesas, les alabaste mis virtudes, te encaprichaste en ellas de mis cosas, amasaste sus carnes, baboseaste sus rincones, llenaste sus coños de ti como si ellas hubiesen sido yo. Te sentiste con ellas como si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No hace falta que me lo digas. Lo sé. Las mirabas como si me vieras a mí, les dijiste mis promesas, les alabaste mis virtudes, te encaprichaste en ellas de mis cosas, amasaste sus carnes, baboseaste sus rincones, llenaste sus coños de ti como si ellas hubiesen sido yo. </p>
<p>Te sentiste con ellas como si estuvieras conmigo antes incluso de saber siquiera a ciencia cierta que yo existía.</p>
<p>Y ahora me pides la vida a traición contándome historias que no hablan de mí.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2012/03/02/no-hace-falta-que-me-lo-digas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>III</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2012/02/21/iii/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2012/02/21/iii/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 12:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias imposibles]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.inicios.es/microficciones/?p=311</guid>
		<description><![CDATA[(Viene de I) .¿Sigues ahí? .Claro que sigo aquí. ¿Acaso no me ves? .Viva. Te preguntaba si seguías ahí viva. .Muerta de frío, pero sí. Las luces me van a volver loca. .Yo ya estoy seguro de que son personas. Mira cómo se juntan por ratos y cómo salen siempre por la derecha. Debe de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(Viene de <a href="http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/24/i/">I</a>)</p>
<p>.¿Sigues ahí?<br />
.Claro que sigo aquí. ¿Acaso no me ves?<br />
.Viva. Te preguntaba si seguías ahí viva.<br />
.Muerta de frío, pero sí. Las luces me van a volver loca.<br />
.Yo ya estoy seguro de que son personas. Mira cómo se juntan por ratos y cómo salen siempre por la derecha. Debe de haber una puerta.<br />
.A lo mejor no saben que estamos aquí. ¿Qué verán ellos cuando miren hacia nosotros?<br />
.¿Cómo no lo van a saber? Ellos son quienes nos han metido en esto.<br />
.¿Ellos? ¿Cómo lo sabes?<br />
.¿Y quiénes si no? ¿No los ves ahí de un lado para otro?<br />
.¿Y quiénes serán?<br />
.Eso no lo vamos a saber hasta que no salgamos. Si no se nos ocurre algo mejor, dependerá de ellos.<br />
.Yo estoy helada.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2012/02/21/iii/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>II</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/27/ii/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/27/ii/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 12:31:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias imposibles]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.inicios.es/microficciones/?p=305</guid>
		<description><![CDATA[(Viene de I y va a III) .¿De verdad que no sabes por qué estás aquí? .¿Cómo podría saberlo? .¿No sabes dónde estás? Me parece muy raro&#8230; .¿Lo sabes tú acaso? .No, yo no. También es extraño. .Creo que deberíamos concentrarnos en no morir congelados. .Yo ya las únicas partes que siento es porque me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><small>(Viene de <a href="http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/24/i/">I</a> y va a <a href="http://www.inicios.es/microficciones/2012/02/21/iii/">III</a>)</small></p>
<p>.¿De verdad que no sabes por qué estás aquí?<br />
.¿Cómo podría saberlo?<br />
.¿No sabes dónde estás? Me parece muy raro&#8230;<br />
.¿Lo sabes tú acaso?<br />
.No, yo no. También es extraño.<br />
.Creo que deberíamos concentrarnos en no morir congelados.<br />
.Yo ya las únicas partes que siento es porque me duelen. Deberíamos movernos.<br />
.Yo llevo un rato intentándolo y no hay manera.<br />
.¿Qué quieres decir? ¿Y si todo esto es un sueño?<br />
.Sí, claro. No sé con qué coño sueñas tú normalmente. ¿Con cosas así de extrañas?<br />
.No sé. Cosas así, extrañas.<br />
.Madre mía. Pues vaya noches.<br />
.Nunca con tanto frío. Tampoco contigo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/27/ii/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>I</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/24/i/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/24/i/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 23:43:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias imposibles]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.inicios.es/microficciones/?p=301</guid>
		<description><![CDATA[.Hola .Hola .Hace frío aquí .Sí, mucho .Es extraño tanto frío. Casi ni noto ya la nariz. No sé cuándo hemos llegado. .Hace un rato corto. O uno largo. La verdad es que no recuerdo si tú estabas aquí cuando he llegado yo. Tampoco lo sé. .El frío es insoportable. Me duelen los ojos. ¿Sabes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>.Hola<br />
.Hola<br />
.Hace frío aquí<br />
.Sí, mucho<br />
.Es extraño tanto frío. Casi ni noto ya la nariz. No sé cuándo hemos llegado.<br />
.Hace un rato corto. O uno largo. La verdad es que no recuerdo si tú estabas aquí cuando he llegado yo. Tampoco lo sé.<br />
.El frío es insoportable. Me duelen los ojos. ¿Sabes por qué estamos aquí?<br />
.Tengo una sensación extraña. No sabría decirte.<br />
.A veces se ven luces, ¿no? No alcanzo a distinguir nada.<br />
.Sí, se mueven los colores esos. ¿De dónde eres?<br />
.De Arganda.<br />
.¿Arganda? No me suena. Yo soy de Tres Casas, en Segovia.<br />
.¿De Segovia?<br />
.Sí, Segovia. ¿No te suena?<br />
.¿Segovia? Sí, claro que me suena. Y no sabes dónde estamos&#8230;<br />
.Ni idea. Ni entiendo qué es lo que ocurre. ¿Qué serán esos colores? A veces parece que se acercan y alejan.<br />
.¿Tú crees? Yo siempre los veo igual.<br />
.Sí, pero crecen un poco.<br />
.Creo que sí.<br />
.A lo mejor no son luces, sino cosas difuminadas. Podrían ser personas.<br />
.Yo tampoco entiendo nada.<br />
.¿A qué te dedicas?<br />
.Soy administrativa en una empresa de inversiones. ¿Tú a qué te dedicas?<br />
.A lo que puedo. Chapuzas. Arreglos aquí y allí. Cualquier cosa. ¿Tú también oyes ese zumbido?<br />
.Pensaba que era por el frío. Oigo ese ruido todo el rato.<br />
.¿Es ruido o son voces?<br />
.¿Voces? No. A no ser que sean muchas voces.</p>
<p><small>(Sigue en <a href="http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/27/ii/">II</a>)</small></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/24/i/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Adivina</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/10/adivina/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/10/adivina/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 12:55:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias imposibles]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.inicios.es/microficciones/?p=292</guid>
		<description><![CDATA[Le coge la mano por la muñeca para girarla boca arriba, pero no ve nada. Toma aire invocando las tradiciones mágicas del principio de los tiempos, la vuelve a coger, concentra la mirada. Nada: La negrura sola. Roza la palma con su otra mano como si quisiera hacer brotar las visiones o retirar el polvo. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Le coge la mano por la muñeca para girarla boca arriba, pero no ve nada. Toma aire invocando las tradiciones mágicas del principio de los tiempos, la vuelve a coger, concentra la mirada. Nada: La negrura sola. Roza la palma con su otra mano como si quisiera hacer brotar las visiones o retirar el polvo. Sujeta la muñeca más firmemente, mira el techo oscuro y baja la vista con lentitud intentando anticipar lo que debería aparecer ante ella. Noche nublada; vacío. Suelta la mano, que ya no tiene pulso. </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/10/adivina/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La dieta</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/05/la-dieta/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/05/la-dieta/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 05 Jan 2012 16:42:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[No sabemos vivir]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.artivismo.es/microficciones/?p=280</guid>
		<description><![CDATA[El animal se ha lastimado en acto de servicio. Ha retado mil veces la lógica de la gravedad con pasmoso equilibrio, recordando las habilidades de sus progenitores montañeses, pero esta mañana tuvo lugar el accidente. Siempre se había jugado el tipo para que los dos tuvieran algo que llevarse a la boca. Por eso él [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El animal se ha lastimado en acto de servicio. Ha retado mil veces la lógica de la gravedad con pasmoso equilibrio, recordando las habilidades de sus progenitores montañeses, pero esta mañana tuvo lugar el accidente. </p>
<p>Siempre se había jugado el tipo para que los dos tuvieran algo que llevarse a la boca. Por eso él no lo puede dudar ahora. Coge los bártulos y anda el camino despacio para que ella le pueda seguir. Su lentitud crea tanta expectación que apenas tiene que soplar en la corneta cuando llegan al destino. Están rodeados por una congregación atónita que ha visto cómo la cabra apenas puede moverse.</p>
<p>Cuando él coloca teatralmente la escalera, se sube a ella de la forma más divertida que puede con sus dos piernas, se resbala y se rompe la cabeza, sus cuatro ojos parecen uno solo, negro y redondo, sin apenas apetito.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2012/01/05/la-dieta/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Ajena</title>
		<link>http://www.inicios.es/microficciones/2011/11/09/ajena/</link>
		<comments>http://www.inicios.es/microficciones/2011/11/09/ajena/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 09 Nov 2011 07:59:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alcántara Plá Manuel</dc:creator>
				<category><![CDATA[No sabemos vivir]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://microficciones.inicios.es/?p=257</guid>
		<description><![CDATA[por el miedo a saber que hay días que vuelven, como cuando soñamos con esas bocas grandes que a veces el sol me permite imaginar olvidadas, el reloj está en la mesilla o en la muñeca, y tú también sabes que vuelven los días en que el campo estaba más cerca, cuando un paso dulce [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>por el miedo a saber que hay días que vuelven, como cuando soñamos con esas bocas grandes que a veces el sol me permite imaginar olvidadas, el reloj está en la mesilla o en la muñeca, y tú también sabes que vuelven los días en que el campo estaba más cerca, cuando un paso dulce podría encerrarte la vida y la luz era agria, por eso me miras así. </p>
<p>entonces del adiós los gritos o los silencios, podrían ser ambos, podrían bailar de un estado a otro, podrían no tener sentido mis temores, o pueden ensordecernos para siempre, mucho antes de que hayan llegado los susurros, o pueden no ser nada y quedarnos aquí quietos, con los brazos extendidos y ese miedo raspado a saber. No me toques así, podrías detener las estrellas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.inicios.es/microficciones/2011/11/09/ajena/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

